Esquesito

Mami, esto está esquesito

Ponga un jamón en su vida.

 

El título original de este artículo iba a ser “Ponga un jamón en su cocina”. Sencilla idea. Aconsejaros tal compra se nos antojaba sumamente recomendable. Y de hecho sigue siendo así, pero conforme íbamos degustando la pieza que motivó esta iniciativa decidimos cambiarlo por el actual al darnos cuenta de cuánto cambió nuestra propio día a día.

El tener un jamón en casa es tradición en todo el territorio nacional. La matanza del cerdo, cochino o gorrino es tradición en innumerables pueblos españoles. El éxodo a las urbes de los ’70 marcó quizás el comienzo de una nueva forma de vida, donde “el pueblo” hacía las funciones de despensa. Aún a día de hoy es frecuente acudir a nuestros pueblos en fin de semana y retornar con los maleteros llenos.

Sea como fueres, las costumbres de la España urbanita han cambiado. El jamón de la bodega, despensa o cocina ha sido sustituido por el loncheado de la nevera. Tener un jamón entero en casa se reduce quizás a afortunados hogares que por Navidad lo reciben como presente o ha gourmets que complacen sus estómagos.

Pero, por qué no poder tener un jamón en casa. Quizás el desconocimiento nos guie por caminos erróneos o sea nuestro miedo el que nos cohíba a ello.

Bien es cierto que tenerlo supone cuando menos, disfrutar de ciertas condiciones. Si nuestra cocina es de 2×2, un jamonero sobre la encimera no será en muchos casos viable. Quizás tengamos que renegociar temporalmente, mientras dure el jamón al menos, la decoración de la propia cocina. La ocasión lo merece.

Tendremos que disponer al menos de un soporte donde sujetarlo debidamente y poder cortar cómodamente, un jamonero y un cuchillo a tal fin. En ambos casos no es necesario que hagamos un gran desembolso al principio. Un jamonero normal y corriente los podemos encontrar en cualquier gran superficie e incluso de regalo en la compra del jamón. Igual nos pasa con el cuchillo. No es pocas promociones, nos acompañan ambos como promoción. Obviamente no son elementos de gran calidad pero harán su cometido perfectamente en esta primera toma de contacto.

El jamón. Cual comprar.

Pues eso dependerá de dos factores. De nuestro paladar y de nuestro bolsillo. O viceversa. Lo ideal es que ambos se lleven bien y que compren juntos. Pero no hay que alarmarse. Adquirir un buen jamón no es tan caro como suponemos. Los precios han bajado mucho siendo la oferta amplia y generosa.

Primero debemos saber que no todo el jamón es igual. El más cotizado es el ibérico. Suele ser de color oscuro de ahí lo de “pata negra”. El resto suele ser lo de denominamos comúnmente “serrano”. Ambos, tanto el serrano como el ibérico, reciben diferentes catalogaciones en función de su crianza y alimentación, pero solamente el ibérico está regulado por ley y son las diferentes DO las que cuidan y avalan su calidad. De ahí que un jamón ibérico de recebo, por ejemplo, cumpla con las mismas premisas en la DO de Guijuelo que la DO de Teruel, pero un jamón reserva no tiene por qué parecerse en nada a otro jamón reserva de otra zona o productor.

A nivel precios, un jamón ibérico podemos encontrarlo fácilmente desde los 100€. Algo menos si es una paleta. Un jamón serrano desde 20€. En otro momento escribiremos ampliamente sobre los distintos tipos de jamones ibéricos.

Situados ya en casa con nuestro jamón es cuando comienza todo un ritual. Y es este ritual el causante de este artículo. Si, un jamón ha sido capaz de cambiar los hábitos de toda una familia. Desde la mañana hasta la noche ha sido la pieza angular sobre la que orbitaba nuestro estómago.

Para desayunar: pan con tomate y… jamón. Corta un poco de jamón, por favor. Voy. Vale que las tostadas con mantequilla y mermelada están muy ricas, pero…

A media mañana: parece que apetece un aperitivo, un tentempié… Corta un poco de jamón, por favor. Voy. Platito va.

A la comida: platos a los que acompañar con unos taquitos de jamón hay muchos, muchos… Esos guisantes con jamón no sabrán nunca tan bien, ese sofrito para las judías nunca volverán a ser las mismas… Corta un poco de jamón, por favor. Voy. Platito va.

A la merienda: ¿de qué queréis el bocadillo? De jamón con aceite. Corta un poco de jamón, por favor. Voy. Platito va.

A la cena: corto un poco de cena para cenar. Vale, voy abriendo un vinito para acompañar…

Os lo podemos asegurar. La vida familiar girará sobre vuestro jamón. Todos esos momentos en los que andáis perdidos por la cocina buscando un capricho que llevaros a la boca que sacie esa ansiedad, ese vicio insaciable… cortamos un poquito de jamón. No engorda, esta rico pero que muy rico y alimenta que da gusto.

Ya sabéis, poned un jamón en vuestras vidas.

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