Esquesito

Mami, esto está esquesito

Los alimentos que tiramos.


Según un artículo publicado allá por enero del 2013 en la revista Consumer de Eroski, tiramos en cada hogar del orden de 76 kg de alimentos por persona al año a la basura.

Dicho esto nos quedamos tal cual estábamos. No hemos sentido ni frio ni calor. Una de las muchas cifras con que nos bombardean a diario. Decirnos 76 es como decir 58, 12 a 164. Nada ha cambiado a nuestro alrededor. Será porque no tenemos percepción de pesos, volúmenes o cantidades o será que nos estamos volviendo insensibles a todo aquello que no cause mella en nuestra propia piel.

Obviamente, nos consideramos personas de bien, por lo que hacemos acto de contrición, juramos que nunca más se nos caducará otro yogur y seguimos lindamente nuestras vidas. Nosotros hubiéramos hecho lo mismo, yo hubiera hecho lo mismo (otra vez) si no fuera porque ésta es la quinta o sexta vez que el brécol acaba en la basura.

Brécol sí. Puede parecer exagerado lamentar la pérdida de una rama de brécol (varias ramas, varias veces), pero no se trata de la perdida en sí, sino del hecho de ser reincidente, de saber que la consecuencia de esta continua mala planificación no es otra que un gasto innecesario amén de una serie de gestiones (compra, traslado, mantenimiento en frío y posterior traslado al contenedor de la basura) que nos demuestran día a día que funcionados de oído, sin pensar, ni racionar y sobre todo sin planificar.

Si además sumamos céntimo a céntimo todo los costes que esto supone, la sensación de desasosiego es aún mayor. Y es que no están los tiempos como para despilfarrar ni un céntimo. Aun siendo muy dueños y señores de nuestro dinero, ser sensatos y coherentes no está reñido con ello.

Y creedme, junto al Brécol en cuestión que ha desatado esta furia, le acompaña también con frecuencia el Jamón York (para mí que tiene algún producto para que dure sólo dos días en casa), la sandía, la piña, los champiñones, el queso…

Que no, que no vamos a salvar al mundo cuidando nuestra nevera. Tan sólo nos salvaremos a nosotros mismos de sentirnos tontos.

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